La palabra como poder transformador
En el corazón de la pedagogía de Freire encontramos una dimensión profunda: aprender a escribir la propia vida es transformarse de espectador en protagonista de la historia. La alfabetización no es simplemente aprender letras y palabras, sino entender y transformar el mundo.
El método de Freire parte de palabras generadoras extraídas del universo vocabular de los educandos. Estas palabras, cargadas de significado existencial, permiten a las personas no solo aprender a leer y escribir, sino también a "leer" críticamente su realidad social.
Cuando los educandos descodifican estas palabras en los "círculos de cultura", no solo reconocen términos, sino que empiezan a percibir su situación de forma diferente. Al objetivar su mundo, el alfabetizando se reencuentra en él, descubriéndose junto a otros compañeros. De este proceso surge la comunicación, el diálogo crítico que promueve a todos los participantes.
En estos círculos no hay profesor en sentido tradicional, sino un coordinador que facilita el proceso y proporciona información cuando es necesario. El conocimiento no se transmite verticalmente sino que se construye colectivamente.
Este proceso permite a los oprimidos comprender que la cultura también es fruto de su trabajo, que también ellos son creadores y no meros consumidores pasivos. Cuando comienzan a escribir, no copian palabras sino que expresan juicios sobre el mundo, convirtiéndose en testigos y autores de su propia historia.