Mirar la organización cotidiana de la escuela desde la ESI
La ESI no se limita al aula: está presente en toda la cultura institucional. Por eso es necesario observar la vida cotidiana escolar para descubrir las "marcas" que esta realidad deja en estudiantes y adultos.
Día a día, en la escuela se ponen en acto innumerables gestos, palabras, silencios y normas que "hablan" sobre lo permitido y lo prohibido respecto a la sexualidad. Observemos, por ejemplo:
En las comunicaciones y documentos escolares: ¿Qué lenguaje usamos para convocar a las familias? ¿Incluimos la diversidad de organizaciones familiares? ¿Aplicamos sanciones diferentes según el género?
En la sala de maestros/profesores: ¿Atribuimos ciertos comportamientos a los estudiantes por ser varones o mujeres? ¿Hay expresiones que discriminan por pertenencia étnico-cultural u orientación sexual?
En los recreos y espacios comunes: ¿Existen normas implícitas diferentes para varones y mujeres? ¿Cómo se distribuye el uso de los espacios? ¿Qué expresiones de afecto son permitidas o sancionadas?
Aprovechemos estas observaciones para repensar los mensajes que transmitimos e identificar prácticas que sería importante modificar para crear una cultura institucional más inclusiva.
Reflexión clave: Los valores de la ESI se transmiten tanto en lo que enseñamos explícitamente como en nuestras actitudes cotidianas, el uso del lenguaje y la organización de los espacios escolares.