Etapas y consecuencias de la Revolución Francesa
La Revolución Francesa atravesó varias etapas con características particulares. Entre 1789 y 1791, predominó la alta burguesía, que buscaba establecer una monarquía constitucional con sufragio censitario. Sin embargo, tras el intento de fuga del rey Luis XVI y la intervención de las potencias extranjeras, la revolución se radicalizó.
En 1792 se abolió la monarquía y se estableció la República. Los jacobinos, liderados por Robespierre, crearon el Comité de Salvación Nacional y los Tribunales Populares, dando inicio al período conocido como "el Terror". Este gobierno radical implementó reformas sociales profundas, pero su base de apoyo se debilitó cuando los sans-culottes se separaron de los jacobinos.
En 1794, grupos de la alta burguesía derrocaron a Robespierre y establecieron el Directorio, que restauró el sufragio censitario. Sin embargo, en 1799, Napoleón Bonaparte dio un golpe de Estado (el 18 Brumario) y se proclamó Cónsul, para luego coronarse Emperador en 1804. Su imperio expansionista buscaba propagar los ideales revolucionarios, pero terminó con su derrota en Waterloo en 1815.
Tras la caída de Napoleón, las potencias europeas intentaron restablecer el orden mediante el Congreso de Viena, creando la Pentarquía (Rusia, Inglaterra, Francia, Austria y Prusia) para mantener la estabilidad política.
Como señaló Hobsbawm, el verdadero triunfo de estas revoluciones no fue simplemente la "industria" o la "libertad", sino específicamente "la industria capitalista" y la "sociedad burguesa liberal", estableciendo las bases económicas y políticas que seguirían configurando nuestro mundo contemporáneo.