Un domingo en la cancha
Ezequiel invita al narrador a ver un partido de Racing. Pese a la resistencia inicial de su padre, finalmente consigue permiso para ir. Este domingo se convierte en un día especial: viajan juntos en colectivo, hablan de la escuela, de San Isidro y del campo de la abuela.
Al llegar al estadio, el protagonista queda impresionado por la experiencia: los colores, los cantos, el cemento vibrando bajo sus pies. Cierra los ojos para sentirlo todo y cuando los abre están llenos de lágrimas. "Gracias. Es fantástico", le dice a Ezequiel, quien lo abraza. Es la primera vez que recuerda abrazarse con su hermano.
Al regresar a casa, su padre lo somete a un largo "diálogo" que es más bien un monólogo. Le prohíbe volver a ver a Ezequiel fuera del ámbito familiar, argumentando que es por su propio bien. El narrador se queda llorando en silencio, sintiendo que hay algo que no encaja con el mundo: él mismo.
Durante los meses siguientes, no ve a Ezequiel, pero su figura crece en su imaginación rodeada de misterio. Su relación con su padre se vuelve tensa. Intenta hablar con su madre sobre Ezequiel, pero ella solo responde: "Hay cosas de las que es mejor no hablar".
💡 A veces, las experiencias más significativas son aquellas que compartimos con personas que nos permiten ser auténticos, aunque esos momentos sean breves y prohibidos por quienes deberían protegernos.