El golpe que derrocó a Perón
El 16 de septiembre de 1955, apenas dos meses después del bombardeo a Plaza de Mayo, se concretó el golpe de Estado que sus protagonistas denominaron "Revolución Libertadora". Los militares golpistas, con el apoyo de la iglesia, sectores civiles y algunos partidos políticos, justificaron su accionar presentándose como libertadores frente a lo que consideraban una "dictadura totalitaria" de Perón, quien partió al exilio alegando evitar un derramamiento de sangre.
Con este golpe se profundizó la división entre peronismo y antiperonismo que marcaría las siguientes décadas de la política argentina. Dentro de las fuerzas golpistas existían dos tendencias claramente definidas: por un lado, el ala nacionalista católica liderada por el general Eduardo Lonardi, que proponía una actitud más conciliadora bajo el lema "ni vencedores ni vencidos"; por otro lado, el sector liberal encabezado por el almirante Isaac Rojas, radicalmente antiperonista, cuyo objetivo era eliminar completamente toda huella del régimen peronista.
El general Lonardi asumió como presidente de facto el 23 de septiembre de 1955, con la banda presidencial entregada simbólicamente por un cardenal. Su proyecto político buscaba rescatar la estructura del peronismo pero sin Perón, manteniendo las conquistas sociales y una relación cordial con los trabajadores. Sin embargo, este intento conciliador chocaría frontalmente con la postura del vicepresidente Rojas.
¡Importante! La breve presidencia de Lonardi (apenas 53 días) muestra cómo dentro del propio golpe existían visiones contrapuestas: una que buscaba incorporar al peronismo sin Perón, y otra que pretendía erradicarlo completamente.





























