Tejido Óseo Esponjoso e Irrigación
El tejido óseo esponjoso se diferencia del compacto por no contener osteonas. Está formado por trabéculas, finas columnas óseas dispuestas en patrones irregulares que crean espacios donde se aloja la médula ósea. Cada trabécula contiene laminillas, osteocitos en lagunas y canalículos, pero organizados de manera menos estructurada que en el hueso compacto.
Las trabéculas no están orientadas al azar; siguen líneas precisas de tensión mecánica, lo que proporciona resistencia con un mínimo de material. Este tipo de tejido es abundante en los huesos que no reciben mucha presión y está protegido por una cubierta de hueso compacto. Los espacios entre trabéculas contienen médula ósea roja (hematopoyética) o amarilla (adiposa).
La irrigación del tejido óseo es fundamental para su nutrición y funciones metabólicas. Las arterias periósticas ingresan a través de canales perforantes (canales de Volkmann) para irrigar el periostio y la parte externa del hueso compacto. La arteria nutricia entra por el agujero nutricio en el centro de la diáfisis y se divide en ramas proximal y distal.
🩸 Un hueso largo puede tener más de 50 pequeñas arterias periósticas distribuidas a lo largo de su superficie, asegurando que ninguna parte del tejido óseo quede sin irrigación sanguínea adecuada.
El sistema venoso corre paralelo al arterial: venas nutricias que acompañan a la arteria del mismo nombre, venas epifisarias y metafisarias que drenan sus respectivas regiones, y venas periósticas que recogen la sangre de la capa externa del hueso. Todo este sistema garantiza que el tejido óseo, a pesar de su dureza, sea un tejido vivo y metabólicamente activo.