Respiración Interna y Funcionamiento Integrado
El último paso del viaje respiratorio ocurre en los tejidos, donde el oxígeno finalmente cumple su propósito: alimentar las células.
La respiración interna describe el intercambio de gases entre la sangre y las células tisulares, siguiendo los mismos principios que la respiración externa. Las células utilizan constantemente oxígeno para producir energía (ATP), generando dióxido de carbono como producto de desecho.
Debido a este consumo continuo, siempre hay menos oxígeno y más dióxido de carbono en los tejidos que en la sangre. Cuando la sangre fluye por los capilares, estos gases siguen sus gradientes de concentración: el oxígeno sale de la sangre hacia los tejidos, y el dióxido de carbono entra en la sangre.
Sorprendentemente, las células solo utilizan aproximadamente el 25% del oxígeno transportado en la sangre. La cantidad real de oxígeno consumida por los tejidos se denomina consumo de oxígeno (VO₂) o cociente de extracción de oxígeno.
El funcionamiento del sistema respiratorio depende de múltiples factores trabajando en armonía. Cualquier alteración puede provocar problemas. La hipoxemia (baja concentración de oxígeno en sangre) conduce a hipoxia (baja concentración de oxígeno en tejidos). Sin embargo, la hipoxia también puede ocurrir por otras causas, como insuficiencia cardíaca, falta de hemoglobina o intoxicaciones.
Es importante destacar que la respiración depende tanto del sistema respiratorio como del circulatorio. Sin un corazón que bombee la sangre eficientemente o sin suficientes glóbulos rojos para transportar el oxígeno, incluso unos pulmones perfectamente funcionales no podrían mantener oxigenados los tejidos.
💡 Todo está interconectado: tu respiración afecta tu pH sanguíneo, que influye en cómo tu hemoglobina transporta oxígeno, lo que determina cuánta energía pueden producir tus células.