La Clasificación de los Seres Vivos en la Historia
Para estudiar la enorme diversidad de seres vivos, los científicos necesitan organizarlos en grupos. Esta necesidad de clasificar es tan antigua como la humanidad misma, pero los criterios que usamos han cambiado radicalmente a lo largo del tiempo.
En las sociedades antiguas, los seres vivos se clasificaban según su utilidad: si eran comestibles, venenosos o medicinales. Con el tiempo, se empezaron a usar criterios basados en la apariencia, agrupando a los organismos que se veían similares.
Aristóteles, en el siglo IV a.C., dividió a los seres vivos en plantas y animales. Esta clasificación, aunque simple, permaneció vigente durante siglos. Incluso algunos organismos como los hongos y los corales fueron erróneamente clasificados como plantas durante mucho tiempo.
La invención del microscopio revolucionó la clasificación al revelar un mundo invisible de microorganismos. El sistema de cinco reinos propuesto por Robert Whittaker en 1969 (Animalia, Plantae, Fungi, Protista y Monera) fue un intento de incorporar esta diversidad recién descubierta.
💡 La clasificación biológica moderna se basa en las relaciones evolutivas, no solo en el aspecto físico. Esto explica por qué los científicos consideran que estamos más emparentados con los hongos que con las plantas, aunque a simple vista parecería lo contrario.
Actualmente, los científicos utilizan el concepto de homología para clasificar a los organismos. Las homologías son características que diferentes especies comparten porque las heredaron de un ancestro común. Por ejemplo, las extremidades de todos los tetrápodos (anfibios, reptiles, aves y mamíferos) tienen el mismo origen evolutivo, aunque hoy tengan formas y funciones diferentes.
Esto contrasta con las analogías, características similares que evolucionaron independientemente en diferentes grupos, como las alas de las aves y de los insectos.
Cuando representamos las relaciones evolutivas entre especies, creamos árboles filogenéticos que muestran cómo diferentes especies se relacionan a través de ancestros comunes. Estos árboles nos ayudan a entender que todos los seres vivos estamos conectados por una historia evolutiva compartida.