Capas del tracto gastrointestinal y su organización
El tracto gastrointestinal mantiene una estructura histológica básica a lo largo de su recorrido, aunque con variaciones según la región y su función específica. Esta estructura se organiza en varias capas:
La mucosa es la capa interna que está en contacto directo con los alimentos. Consta de epitelio, lámina propia y muscular de la mucosa. El epitelio varía según la función de cada órgano: protector en el esófago, secretor en el estómago y absortivo en el intestino. La lámina propia contiene tejido conectivo, glándulas y vasos, mientras que la muscular de la mucosa facilita la absorción mediante pliegues.
La submucosa está formada por tejido conjuntivo laxo que contiene vasos sanguíneos, glándulas y el plexo nervioso de Meissner (plexo submucoso), importante en la regulación de secreciones.
La capa muscular externa tiene generalmente dos capas de músculo liso (circular y longitudinal) que permiten la mezcla y el desplazamiento del alimento. Entre estas capas se encuentra el plexo de Auerbach, parte fundamental del sistema nervioso entérico que regula las contracciones peristálticas.
💡 El estómago posee una capa muscular adicional (oblicua) que no existe en otras regiones del tracto digestivo, lo que le permite realizar movimientos de mezcla más complejos.
La serosa y adventicia es la capa más externa, formada por tejido conjuntivo. Cuando está cubierta por mesotelio se denomina serosa; cuando se mezcla con tejido circundante, se llama adventicia.
Las variaciones en la disposición de estas capas determinan la especialización funcional de cada segmento del tubo digestivo, desde la ingestión hasta la eliminación de los residuos.