El poder de la palabra
La palabra tiene un poder transformador fundamental desde el origen de los tiempos. En la antigüedad, cuando alguien "daba su palabra", eso bastaba como garantía de que algo se cumpliría.
Durante siglos vivimos con poca conciencia sobre el verdadero poder del lenguaje. Predominó la visión cartesiana que entendía el lenguaje como meramente descriptivo: el mundo existe de cierta manera y las palabras solo lo describen. Sin embargo, está surgiendo un nuevo paradigma que reconoce que el lenguaje es generativo, es decir, crea realidades.
Como explica Rafael Echeverría, "a través del lenguaje no solo hablamos de las cosas, sino que alteramos el curso espontáneo de los acontecimientos". Mediante lo que decimos y cómo lo decimos, por lo que callamos y por nuestras intenciones, creamos realidades para nosotros y quienes nos rodean.
Hay palabras que abren posibilidades y otras que las cierran. Algunas conversaciones son creativas y otras destructivas. Nuestras palabras pueden generar confianza o desconfianza, y debemos ser conscientes de ello para usarlas de manera constructiva.
Como ilustra la leyenda del maestro zen y la taza de té, a veces estamos tan llenos de nuestras propias opiniones que no dejamos espacio para escuchar y aprender. Para aprovechar el poder de la palabra, primero debemos aprender a vaciar nuestra taza.