Las neurosis y el Complejo de Edipo
Las neurosis no tienen causas patógenas específicas, sino que surgen de desequilibrios entre predisposición y experiencias de vida. Un dato crucial: según Freud, las neurosis se adquieren en la primera infancia (hasta los seis años), aunque los síntomas pueden manifestarse mucho más tarde. El yo infantil, incapaz de manejar ciertas exigencias pulsionales, recurre a la represión, lo que puede limitar su desarrollo posterior. La educación y la cultura, a través del superyó, imponen prohibiciones que favorecen esta represión y, potencialmente, la neurosis.
El Complejo de Edipo es la vivencia central de la infancia y tiene profundas repercusiones en nuestra vida adulta. El niño desarrolla deseos hacia el progenitor del sexo opuesto y rivalidad con el del mismo sexo. En el varón, la amenaza de castración (el temor a perder el pene) lleva a la represión del deseo hacia la madre y la rivalidad con el padre. En la niña, el desarrollo es diferente pero igualmente determinante para su identidad y relaciones futuras.
El aparato psíquico mantiene una relación compleja con el mundo exterior. El ello funciona como núcleo oscuro regido por el principio de placer, buscando la satisfacción inmediata. El yo media entre las exigencias pulsionales y la realidad, guiado por el principio de realidad. En ciertas patologías como las psicosis y algunas perversiones, puede producirse una escisión del yo, donde coexisten dos posturas opuestas sin influirse mutuamente.
El mundo interior se forma cuando un fragmento del mundo exterior (los padres) es internalizado por identificación, creando el superyó. Esta instancia puede ser más severa que los padres reales, exigiendo cuentas no solo por acciones, sino por pensamientos y deseos. El superyó representa nuestro pasado cultural, mientras que el ello encarna el pasado orgánico.
💡 El Complejo de Edipo no es solo una etapa que superar, sino una estructura que organiza toda nuestra vida psíquica y nuestras relaciones. Sus huellas permanecen activas en el inconsciente, influyendo en nuestra elección de pareja y nuestros vínculos sociales.