El aparato psíquico y las pulsiones fundamentales
El psicoanálisis parte de una premisa fundamental: nuestra vida mental funciona gracias a un aparato psíquico compuesto por tres instancias que interactúan constantemente. El Ello es la parte más primitiva, contiene lo heredado y nuestras pulsiones básicas. Es completamente inconsciente y opera según sus propias reglas. El Yo se desarrolla en contacto con la realidad externa, mediando entre las exigencias del Ello y el mundo exterior. Su misión es buscar el placer mientras evita el displacer, siempre tratando de adaptarse a la realidad. El Superyó surge de nuestras experiencias infantiles, internalizando las figuras parentales y los valores sociales, funcionando como nuestra conciencia moral.
Freud propone que existen dos pulsiones básicas que gobiernan nuestra vida psíquica: Eros (pulsión de vida) y la pulsión de destrucción (pulsión de muerte). Eros busca la unión, la conservación y formar conexiones cada vez mayores. La pulsión de muerte tiende a disolver conexiones y llevar lo vivo al estado inorgánico. Ambas pulsiones interactúan constantemente en todas nuestras funciones biológicas, como en el acto sexual (que combina unión y agresión) o al comer (que implica destrucción e incorporación).
La energía psíquica del Eros es llamada libido, que inicialmente se encuentra en el yo-ello, pero luego se distribuye entre los objetos externos y el propio yo. Esta libido puede desplazarse entre distintos objetos, pero también puede fijarse, lo que puede llevar a perturbaciones psíquicas si no se logra una organización genital plena.
💡 Piensa en el aparato psíquico como un iceberg: el Yo es la pequeña parte visible (consciente), mientras que el Ello y el Superyó son las enormes masas sumergidas (inconscientes) que determinan gran parte de nuestro comportamiento.







