Fases del desarrollo psicosexual
El desarrollo psicosexual sigue una secuencia de etapas donde diferentes zonas del cuerpo se convierten en fuentes principales de placer. Freud estructura estas fases en un recorrido que va desde la fragmentación inicial hasta la integración:
En la fase oral, la boca es la zona erógena dominante. El placer se obtiene a través de actividades como succionar y morder. Esta fase marca el inicio de la vida psicosexual y está íntimamente ligada a la alimentación y al vínculo con quien alimenta al bebé.
Durante la fase anal, el control de esfínteres se convierte en el foco de atención. El niño encuentra placer en retener y expulsar las heces, experiencia que también implica sus primeras negociaciones con las demandas sociales y parentales sobre el control corporal.
La fase fálica centra el interés en los genitales. Es un período de afirmación del yo donde el niño toma conciencia de las diferencias anatómicas. Como consecuencia surgen el Complejo de Edipo y el Complejo de Castración, fundamentales para la estructuración psíquica.
💡 El Complejo de Edipo obliga al niño a abandonar el narcisismo primario. A través de la prohibición del incesto, el niño debe renunciar a su primer objeto de amor (la madre) e identificarse con el padre, internalizando así las normas sociales.
El período de latencia representa una pausa en el desarrollo sexual visible. Durante esta etapa, la energía sexual se canaliza hacia actividades socialmente aceptadas mediante el mecanismo de sublimación. Se desarrollan los diques psíquicos (vergüenza, asco y moral) que funcionan como barreras contra las pulsiones.
Finalmente, en la fase genital (pubertad) ocurre la organización definitiva de la sexualidad adulta. Las pulsiones parciales se subordinan a la función reproductiva, y se establece la elección de objeto definitiva.